
La palabra marea la oímos en muchas ocasiones y casi automáticamente relacionamos marea a cuando en las orillas del mar suben o bajan las aguas. Pero la mayoría de nosotros no sabemos exactamente qué son las mareas y por qué suceden. Y sobre todo no sabemos qué otros fenómenos provocan y no somos capaces de ver, eclipsados un poco por la pequeñez del ser humano.
Todo cuerpo que tenga masa, ejerce una fuerza atractiva sobre los demás cuerpos que tenga a su alrededor. Y cuanto más grande y más masa tenga el cuerpo, mayor es la fuerza que ejerce. A esta fuerza se la llama “gravedad” o “fuerza gravitatoria”.
La Luna atrae a la Tierra, y más intensamente en el lado que mira hacia ella. El agua al ser más flexible se eleva y abomba nuestro planeta en dirección a la Luna.
No solo el agua se abulta al tener la Luna encima, la rocosa superficie terrestre también es atraída por la Luna y, aunque no lo notemos, puede llegar a elevarse hasta 30 cm cuando nuestro satélite está sobre nuestras cabezas.
La Tierra también atrae hacia ella a la Luna, y al ser más grande que ésta, lo hace con mayor fuerza, afectando la rotación lunar hasta el punto en el que nuestro satélite nos muestra siempre la misma cara. A su vez la Luna también relentiza la rotación de nuestro planeta, que hoy tarda 24h en dar una vuelta.
Este “baile de mareas” Tierra-Luna y Luna-Tierra, causa que la Luna muy lentamente se aleje de la Tierra, casi 4 cm por año. Y al estar cada vez un poquito más lejos las fuerzas de atracción son más débiles, frenando menos la rotación de La Tierra y provocando que nuestros días sean lentamente un poco más largos cada vez. Por eso cada 100 años ajustamos nuestros relojes adelantándolos 2 milésimas de segundo.
Se sabe que hace 500 millones de años, (la edad de la Tierra y la Luna es de unos 4.500 millones de años), la Luna estaba mucho más cerca de nosotros y los días terrestres eran de 21h.
Más atrás, en el momento de su formación, estaba a 23.000 km de distancia, (hoy 384.000 km), el disco que ocupaba la Luna en nuestro cielo se veía gigantesco, 290 veces mayor, y un día en la Tierra duraba aproximadamente la mitad de lo que dura hoy.
Pascual Sánchez Sánchez
Centro de Investigación y Divulgación Astronómica del Mediterráneo
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